Son tiempos de desenmascaramientos. Entrevista a Valeria Raimondi, enfermera y poeta, en servicio en Brescia

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de Pina Piccolo, traducción del italiano de Alessandro Peregalli

[Aquí puedes leer la versión en Italiano – Leggi la versione in italiano]

En el contexto del primer mes de cuarentena para el coronavirus en Italia, a menudo pensé en los que están directamente involucrados en el tratamiento de aquellos que contraen o pueden haber contraído la infección. Entre los amigos que forman parte del personal de atención médica, pensé mucho en mi amiga poeta y curadora (de diferentes maneras) Valeria Raimondi, cuyo sentido crítico y habilidades organizativas, además que de su capacidad de escribir, he siempre valorado.

De hecho, en junio de 2019, bajo su coordinación, salió para Pietre Vive editores Nuestra clase enterrada, crónicas poéticas desde los mundos del trabajo, un proyecto que recoge poemas de una treintena de trabajadores y trabajadoras distribuidos por todo el territorio nacional; proyecto presentado, en muchas formas, en diferentes realidades políticas, asociativas y culturales de muchas ciudades italianas. Esta es la entrevista que Valeria lanzó para el programa de radio AfroBeat de Wuyi Jacobs, que será transmitida por la histórica radio de izquierda WBAI, en Nueva York, el 8 de abril de 2020.

Gracias Valeria por tomarse el tiempo para esta entrevista en este período de intenso trabajo en que te ves directamente involucrada en la lucha contra la epidemia como parte del personal de atención médica de Brescia. Preséntate al público y bríndanos una breve descripción de las diferentes etapas por las que tú y tus colegas han pasado desde finales de febrero hasta ahora, en una de las ciudades que constituyen el epicentro de la epidemia.

Me presento. Vivo en Brescia, una ciudad en la región Lombardía, en el norte de Italia. He estado trabajando como enfermera durante unos cuarenta años. En mi ocupación diaria, he estado experimentando esta emergencia desde finales de febrero trabajando en una compañía socio-sanitaria que incluye algunos hospitales ubicados en el epicentro de la infección. La emergencia afectó gradualmente a las provincias de Lodi, Cremona, Bérgamo y Brescia. Las dos últimas, colindantes, siguen siendo las provincias que cuentan con el mayor número de infectados y muertos.

Desde finales de febrero hasta hoy, todo ha cambiado en el lugar de trabajo.

La evolución ha sido rápida, también porque nunca ha habido un verdadero plan pandémico.

En los hospitales, tuvimos las primeras fases de distanciamiento, se introdujo el primer DPIs (de los cuales hablaré luego) y se dieron las primeras respuestas convulsivas a las órdenes del Gobierno y la Región de Lombardía con cierres, re-aperturas y nuevos cierres de muchos Servicios.

Mientras tanto, las reorganizaciones de los departamentos hospitalarios han comenzado, pero no se decidió, por ejemplo, que los primeros auxilios no pudieran aceptar pacientes con síntomas de gripe o signos de neumonía en lugares con presencia de otros con otras enfermedades, y esto tal vez fue una razón para la subsecuente propagación

Tampoco se decretó en ningún momento alguna “zona roja” que pudiera contener y regular la infección, como algunos alcaldes denunciaron correctamente.

La gravedad de la situación se hace cada vez más evidente y, por lo tanto, los primeros auxilios y los OBIs (observación intensiva corta) a ellos relacionados se saturan, tanto para las actividades normales, como para los numerosos accesos de pacientes sintomáticos que esperan hospitalización o aislamiento. Algunos, cada vez más numerosos, terminan en las Reanimaciones, donde los operadores y las máquinas respiratorias ya están reducidos, dados los recortes en el gasto de salud pública que precedieron a esta nueva emergencia.

Describe tu lugar de trabajo en las instalaciones de salud de Brescia. ¿Cómo han cambiado las cosas en comparación con tu rutina de trabajo habitual?

Las cosas han cambiado principalmente en dos aspectos: la organización del trabajo y la incertidumbre constante resultante de la emergencia. Tal situación parece haber sorprendido a nuestros hospitales sin preparación, y ellos han cambiado los procedimientos y protocolos día a día en función de las decisiones tomadas por la Región de Lombardía, a menudo ni siquiera opciones uniformes con respecto a los decretos ministeriales y no homogéneas con respecto a las otras Regiones (por supuesto, lo que sucede dentro del hospitales refleja la confusión de lo que también está sucediendo afuera). Como se puede comprender, la programación de turnos de trabajo cambia de mensual o semanal a diario. Los días de descanso se saltan y desde los primeros días de marzo las vacaciones del personal también se han bloqueado. Las horas extras aumentan más allá de lo ordinario.

Desde mi posición también observo cambios en la actividad de rutina, ya que los pacientes que sufren patologías cardíacas, oncológicas, crónicas, con trauma o emergencias quirúrgicas, ¡todavía necesitan ayuda! La diálisis o la rehabilitación o los tratamientos que salvan vidas no pueden cesar. Pero incluso para estos pacientes, tanto por miedo como por inconvenientes, el acceso se vuelve más crítico y arriesgado. Todos los operadores son conscientes de otras implicaciones: las mujeres que tienen que parir no tendrán su pareja a su lado porque a partir de la segunda mitad de marzo ya no se ha permitido el acceso a familiares o incluso a cuidadores. Lo mismo sucede con los pacientes con cáncer. Luego está la preocupación de los familiares que no pueden visitar a sus afectos ya que las visitas se han suspendido para todos los pacientes.

Para aquellos que trabajan en primeros auxilios, en las terapias intensivas o en reanimaciones, la situación es dramática, las horas diarias aumentan, el esfuerzo es grande, se acumula una sensación de impotencia, una gran presión psicológica y también mucha rabia (!la idea de que el “heroísmo” también pueda prescindir del martirio!). Por algunas razones, que veremos, el personal operativo real es cada vez menos, se enferma o se infecta.

¿Podrías contarnos sobre la situación de los trabajadores de la salud en general en la región? ¿Tienen dispositivos de protección adecuados y suficientes? ¿Cómo explicas la muerte de más de cien médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud?

La historia del sistema de salud en la región de Lombardía es bastante conocida, pero menos la de sus trabajadores: el desmantelamiento de la salud pública en favor de la salud privada, con el empobrecimiento de la primera, ha significado menos protección para todos, diferencias en el tracto económico y los salarios para las mismas funciones y perfiles profesionales, reducción de camas pero aumento de las cargas de trabajo, acumulación de horas extras en su mayoría no remuneradas, bloqueo de la renovación de los contratos de trabajo en el sector público, bloqueo de la contratación o contratación temporal de trabajadores (que ni siquiera hoy se vuelven definitivas mientras se reclutan médicos retirados), acuerdos entre los sectores público y privado que han puesto en peligro los empleos, recortes en los servicios y el personal. Dentro de este marco ya comprometido, se debe ahora enfrentar una nueva realidad: ni siquiera se puede garantizar la salud y la seguridad en el lugar de trabajo.

Con la ley 81 de 2008, se definió el concepto de prevención y protección y, distinguiendo los tipos de riesgo, se previó equipar a los diversos operadores con dispositivos de protección individual específicos. Pero evidentemente hacía falta previsión: no se pensó de proporcionar a los hospitales dispositivos suficientes y, sobre todo, adecuados. El problema de los DPIs fue el primero en surgir, tanto en términos de escasez como de deficiencias. La escasez se refería de inmediato, al menos en esta región, a las máscaras.

El presupuesto podría cubrir situaciones normales, tal vez, pero no las extraordinarias.

El verdadero problema es que nunca se ha elaborado un único protocolo de intervención. Se entiende inmediatamente que las máscaras de clase alta, ffp2 y ffp3, son escasas, que inicialmente se definen como correctas para la asistencia en presencia de infecciones epidémicas virales. Pero aquí las instrucciones operativas del Ministerio de Salud y Bienestar de la Región de Lombardía, día a día, se descomponen, cambian, se complican.

Las medidas de espacio definen un metro como suficiente para no tener contacto directo y, por lo tanto, la indicación de dispositivos avanzados decae (incluso en las salas de aislamiento con pacientes positivos y enfermos a veces) y se permite sólo durante maniobras particulares, en Reanimaciones. ¡Pero hay muchas maniobras arriesgadas y las distancias en los procesos de asistencia no siempre son posibles! Debo decir que desde algunos días nuevos protocolos han contemplado el uso “posible” de máscaras avanzadas para ayudar a pacientes positivos. A menudo se observa algo paradójico: un operador con máscara quirúrgica realiza una operación a un paciente que usa una máscara modelo ffp3 mientras debería ser al revés.

En mi opinión, esta es una de las primeras causas de una propagación masiva del virus entre los profesionales de la salud.

Como resultado se evidencia el problema de los testes, como pruebas preferentes para diagnosticar la infección.

Otra directiva de hace unas semanas establece que estos testes, a partir de ahora, ya no se realizan a operadores que han atendido o tenido contacto directo con pacientes enfermos (o que resultaron positivos para CoVid-19), sino solo para aquellos con síntomas. Mientras tanto, los testes y la cuarentena siguen garantizados, si no me equivoco, a deportistas famosos, políticos y aquellos que siempre han sido privilegiados.

Desde la semana pasada, después de las protestas de los trabajadores y los sindicatos en algunas empresas, se ha aplicado un protocolo único: se mide la temperatura corporal (¡o se le pide que se autoverifiquen!) sólo a los empleados, que por debajo de 37.5 grados se define como aceptable y se considera a la persona como “asintomática”. Y esto es lo que hoy se considera prevención.

De esta manera, el número de trabajadores de la salud que enferman crece exponencialmente y, lamentablemente, algunos de ellos mueren. Los lugares donde se debería curar se han convertido en lugares de contagio para pacientes y trabajadores.

¿Podrías contarnos acerca de los recortes en la salud pública, la relación entre el sector público y privado en el ámbito de la salud y cuáles han sido los efectos de los gobiernos de derecha que se han subseguido a lo largo de los años? ¿Hemos sido testigos de procesos similares en otras regiones también?

Ciertamente, la Región Lombardía, como otras regiones del norte de Italia, tiene una gran responsabilidad en el desmantelamiento de la salud pública, gracias a la gestión de los partidos de centro derecha de los que Formigoni ha sido líder desde 1997. De este modo, gracias a la ley que tuvo como principio inspirador la “subsidiariedad solidaria” para estandarizar la oferta de atención médica o para lograr la tan deseada autonomía regional (uno de los objetivos históricos del partido Liga Norte, aliando de Formigoni por muchos años y ahora directamente a la cabeza de la Región Lombardía, NdT), los privados ingresaron al Servicio Regional de Salud, apoyados por el público, reservando para sí los sectores de asistencia más rentables. Esto aseguró a ellos costos mínimos y compromisos para obtener ganancias máximas.

Los privados se aseguraron, por ejemplo, Residencias de Asistencia Social o Rehabilitaciones, dejando al público administrar sectores menos rentables como los servicios de primeros auxilios, algunas especialidades caras, la psiquiatría.

Dentro de esta carrera, el público tuvo miles de camas cortadas con un empobrecimiento continuo tanto en recursos materiales como humanos. Los controles regionales sobre las estructuras acreditadas también se redujeron, muchos servicios se subcontrataron, se liberalizó la intramoenia, es decir, el ejercicio de la profesión libre de médicos empleados en estructuras públicas (que se convirtió en la forma más fácil de remediar, para aquellos que pueden pagar, listas de espera que vieron extendiéndose justo bajo la gestión de Formigoni). Al mismo tiempo, hombres de confianza y fieles ocuparon posiciones estratégicas en la máquina de salud regional.

Estas elecciones de autonomía también tienen un trasfondo ideológico que se manifestó en la destrucción de la red de consultorios públicos y que también se materializó en otros sectores (un ejemplo es el financiamiento masivo para familias que eligen escuelas privadas).

Por otro lado, las administraciones regionales pudieron contar con la libertad de acción permitida por la mayoría de los partidos de centro izquierda, en la forma de compartir el poder a través de acuerdos y concesiones.

En este momento, la emergencia de Coronavirus ciertamente no es rentable para los centros privados: no es conveniente convertir una clínica donde se realizan operaciones costosas o se pagan precios exorbitantes por una habitación.

De ahí también el problema de un menor control sobre las situaciones, los datos y la seguridad del personal porque, como sabemos, menos control público significa poder encubrir muchas más cosas. Ahora sabemos que los brotes ocultos en instalaciones privadas han sido un vehículo de contagio, así como algunas residencias para ancianos.

Alguien se pregunta si el Servicio Nacional de Salud todavía existe. Parece que en esta situación cada Región decide por sí misma, incluso si transferir o no personal de salud a áreas particularmente expuestas. Tal vez era importante que al menos las regiones de Veneto, Emilia-Romagna, Lombardía y Piamonte construyeran una política común y tal vez el gobierno podría y debería haber asegurado que estas autonomías de gestión no se convirtieran en un obstáculo para la atención al paciente.

¿Cómo cambiaron las cosas en Brescia, tanto en la ciudad como en la provincia en su conjunto?

En nuestra ciudad y en nuestra provincia, todo ha cambiado radicalmente, como en casi todo el país, aunque quienes viven lejos del contagio perciben más una sensación de miedo indefinida en la que no creen completamente que un sentido de responsabilidad.

La sociabilidad ha terminado por completo y se ha desviado a las redes sociales, se trabaja y se estudia desde casa (con todas las implicaciones que luego trataré de analizar) e incluso hacer compras o llegar a la farmacia se convierte en un problema, especialmente para los sujetos más frágiles o menos conscientes. Además, las medidas de contención derivadas de las medidas de limitación para las salidas, que se actualizan constantemente, no siempre son fáciles y claras de interpretar.

Pero lo que me gustaría enfatizar, en relación a los trabajadores de la salud o a aquellos que pertenecen a categorías en riesgo de contactos diarios intensos, es cómo se dejaron solos para gestionar su autoaislamiento dentro de las familias (una vez más, porque se niegan controles a pesar de las constantes solicitudes de trabajadores y sindicatos).

Además, la producción de bienes (¡incluso no esenciales!) nunca ha cesado en las áreas de Brescia o Bérgamo. Los dictados de Confindustria [Confederación de industriales, ndt] y sus presiones a los gobiernos, que son bastante sensibles a las necesidades del capital, han ampliado los ámbitos de las actividades consideradas esenciales. Entonces, los trabajadores continúan yendo a la fábrica y aquellos que están separados en los departamentos (donde los DPIs son insuficientes y reciclados durante días) luego se encuentran reunidos en los vestuarios o en los comedores: obviamente, estas personas regresan a la familia por la noche y se convierten en un vehículo de infección.

Muchas cosas han cambiado especialmente para nuestros ancianos que se ven sobreprotegidas por las medidas de contención, pero poco involucrados y muy expuestos cuando las hospitalizaciones son bloqueadas, u obligados a abandonar sus hábitos habituales, no salir, no recibir visitas, pero siguen viviendo en la misma casa que los trabajadores y posibles portadores de infección.

Ofrécenos un vistazo a tu vida diaria durante esta cuarentena. Vimos las imágenes de los convoyes militares que se llevan los ataúdes para la cremación en otras ciudades, ya que ya no había ningún lugar en el crematorio de Bérgamo. ¿Cuál ha sido el impacto de esta muerte generalizada y brutal en la población local y nacional?

Los días se suceden iguales y muy lentos, todo es como si estuviera suspendido. Los pueblos están desiertos, las colas para comprar alimentos y para la farmacia son las únicas salidas permitidas junto con aquellas para ir al lugar de trabajo. Pero aquí me gustaría hacer otro tipo de reflexión.

Personalmente, como muchos creen, vivo una dimensión que conozco: la de los períodos de suspensión total durante las largas enfermedades de los seres queridos. Todas las energías están ahí (y son sorprendentemente re-evocadas re-descubiertas), estás en la situación, no puedes mantenerte alejado de ella, tratas de curarte, alivias lo que puedes aliviar, sueñas con que se sane, te fortaleces.

Pero ahora falta el apoyo externo de las relaciones, la angustia se experimenta en la soledad, con muy pocas distracciones, sin aliento, sin la ayuda de la presencia firme y tranquilizadora de lo que la naturaleza a su alrededor siempre da de forma gratuita.

Creo que el miedo es una emoción vinculada al peligro, mientras que la ansiedad, la angustia, otros sentimientos comunes y actuales, derivan de la sensación de impotencia ante los errores, contradicciones y deficiencias de este sistema considerado un “modelo”. pero que, por el contrario, pone en peligro aún más. La ira se alimenta de la angustia, ira por algo profundamente injusto, como las malas elecciones del pasado o la información siempre manipulada. Quien pierde o ha perdido a alguien se ve obligado a experimentar un exceso de dolor que no se puede re-elaborar, un dolor sin dulzura, “que dura”: a menudo las condiciones de quienes contrajeron el virus empeoran repentinamente y luego la hospitalización llega tarde, nos despedimos y es posible que no volvemos a encontrarnos más. Se devuelve… un ataúd que se llevará a kilómetros de distancia y tendrás que esperar días y meses para que se lleve a cabo el procedimiento de cremación y finalmente se puedas… llorar.

¿Podrías contarnos cuáles son tus preocupaciones sobre las medidas de contención, el distanciamiento social, la salud mental y todas las demás implicaciones políticas y sociales que conlleva?

Personalmente, reflexiono también sobre las posibles implicaciones o emergencias que surgirán de esta situación. Creo que lo más grave es no haber evaluado a la población en riesgo de contagio, es decir, no haber separado de forma inmediata y sistemática cada vez los casos positivos de los negativos.

Las consecuencias fueron: hacinamiento de primeros auxilios primero y terapias intensivas después (con el consiguiente intento de disuadir de la hospitalización los que tenían síntomas leves, cuyas condiciones, sin embargo, precipitaron rápidamente); abandono del territorio debido a la falta de disponibilidad de médicos para evaluar y visitar en casa, incluso en ausencia de un plan de intervención real (médicos obligados dentro de este sistema, a definirse a sí mismos a lo largo de los años como empleados en lugar de como clínicos); el abandono del territorio debido a la transferencia de personal de allí a las salas de aislamiento (la reducción de las fuerzas en el campo en la atención domiciliaria fue de 70-80 por ciento, con pacientes nunca diagnosticados o incapaces de seguir el aislamiento correctamente, ha significado pérdidas devastadoras para muchas familias); hospitalizaciones tardías de ancianos, aislados en salas y unidades de terapias intensivas obligados a vivir los últimos momentos de la vida sin la presencia de un pariente con quien compartir miedo y dolor, pero también recuerdos y afectos.

Creo que ser forzado a vivir el proceso y el camino del final de la vida de esta manera brutal dejará serias repercusiones psicológicas personales y desafortunadamente colectivas.

Quisiera agregar que las políticas de limitación a las posibilidades de salidas y desplazamientos, ciertamente necesarias en general, es cierto que no beneficiarán las dinámicas familiares futuras, especialmente cuando éstas ya estaban comprometidas por relaciones de poder (de hombres sobre sus compañeras o de adultos sobre los menores). Tampoco beneficiarán a quienes sufren de ansiedad o depresión; para tomar otro ejemplo, se observan incrementos desproporcionados en el consumo de alcohol y el cierre de los centros de autoayuda.

Estos son algunos de los aspectos menores que nunca he dejado de considerar con preocupación y angustia desde el comienzo de esta historia “equivocada”.

También estoy pensando en el uso de Smart Working, obviamente más extendido entre las trabajadoras que entre los trabajadores: se espera que no se convierta, en el futuro, en una modalidad alternativa o incluso sostenida en las políticas de empleo (este riesgo está presente tal como está en la escuela a distancia!)

Estas son solo algunas de las posibles repercusiones en la sociabilidad, los sistemas educativos y las relaciones sociales. Pero muchos otros equilibrios también saltarán. Por esta razón, digo que más allá de la emergencia económica y de salud, quizás la emergencia social también debería haberse considerado y abordado de inmediato.

¿Qué crees que se puede hacer ahora, no solo para corregir errores, sino para asegurarte de que nadie se quede atrás, especialmente en un momento en que el gobierno invoca como imagen del país la frase “todos estamos en el mismo barco”, mientras en el nivel de léxico promueve metáforas de guerra en lugar de términos de salud pública?

Esta respuesta está de alguna manera vinculada a las reflexiones anteriores.

El uso generalizado de jerga militar, “de guerra”, revela la voluntad de convencernos de reconocer una causa o un enemigo externo a estos eventos.

Esto es claramente funcional a descargar la culpa en lugar de asumir la responsabilidad por el fracaso y el daño del que es responsable este sistema, que está comenzando a manifestarse como “criminal”, gracias también a la idea de autonomía regional que ha sobrevivido durante décadas en una derecha primero secesionista y federalista, ahora soberanista y fascista, o en cierta parte de la izquierda, cómplice.

Me gustaría agregar también, hablando de autonomías, que en esta región, entre las más contaminadas de Europa, hemos estado particularmente expuestos a los venenos ambientales y que en el valle del Po hay un cierto tipo de desertificación y un consumo desproporcionado del territorio, debido a de malas decisiones de muchos partidos políticos. Creo que esto no sea de poca importancia, junto con la industrialización intensiva, en la génesis de la difusión,

¡Diría que estos, a querer leer bien los hechos, son tiempos de “desenmascaramientos”!

En la guerra, tal vez parece que somos todos iguales, todos en el mismo barco. Ahora esto no es así. En estos tiempos de emergencia, frente a estas responsabilidades, las injusticias sociales se exacerban. Quien no puede ser tratado, quien no tiene dinero para un cuidador, quien no tiene espacios adecuados en la casa, quien tiene un trabajo precario, quien está sólo, tendrá mayores daños. No todos son iguales hoy, no todos lo serán mañana.

El tema de la guerra también está fuertemente relacionado con el tema de la seguridad y la defensa.

Aquí, el sentido de responsabilidad, tanto personal como colectivo, que ningún ciudadano niega con respecto a las medidas de contención (es decir, quedarse en casa), podría convertirse en una coartada para descargar cualquier responsabilidad por el fracaso o el éxito sobre los propios ciudadanos, que deberían ser llamado a elegir la vida o la seguridad (la seguridad estará garantizada en la frontera de los municipios y regiones por controles ejercidos, así como por la policía, también por el Ejército, con algunos buenos ciudadanos como colaboradores).

Yo concluiría así.

Tener que elegir entre la vida y la libertad es falso.

Porque los dos conceptos, tanto en el pensamiento como en la práctica, dependen de un análisis de actualidad construido sobre un pasado que no ha razonado ni guardado los dos.

Creo que las elaboraciones de duelos, de pérdidas, pero también de cambios, se construyen “hoy”, se hacen “dentro de la emergencia” y no “después”.

Se realizan con un pensamiento crítico y colectivo.

Es decir, es de la forma de lidiar con una emergencia que depende la reconstrucción del después.

El peor error es pensarlo y, por lo tanto, enfrentarlo en compartimentos separados.

Debemos tener cuidado: la emergencia que se enfrenta sin pensamiento crítico también será una emergencia política, social y psiquiátrica.

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